En COUNTRY GUARDIAN opinamos que el desarrollo comercial de la fuerza del viento que ha tenido lugar con el apoyo del gobierno desde 1990 está mal enfocado, no es efectivo y no es beneficioso ni para el entorno ni para la sociedad.
Aceptamos que la energía eólica tienen un papel que jugar y que nuestro entorno siempre ha cambiado y siempre cambiará pero mantenemos que los costes social y medioambiental son desproporcionados respecto a cualquier beneficio que se obtenga en la forma de reducción de emisiones. La industrialización de nuestros últimos paisajes vírgenes, daños ecológicos irreversibles y la división social que genera entre nuestras comunidades son un precio a pagar muy alto para una contribución insignificante a nuestro suministro de energía. Además, representa un pequeño (e incierto) ahorro de polución.
La energía eólica puede ser un método de generación de energía útil para particulares, granjas, edificios y pequeñas comunidades situadas lejos de la red de suministro de la energía eléctrica. Las turbinas pueden ser aceptables donde no entren en conflicto con las características del entorno local, pero no deben arruinar las vidas de los que viven en su proximidad con ruidos y parpadeos, o amenazar a residentes o visitantes tanto a pie como a caballo. Tampoco deben crear desventajas económicas debido a la reducción del valor de las propiedades o perjudicar al turismo o economía locales. Y, por supuesto, no deben dividir a las comunidades.
En el “Countryside Act” de 1968 se indica:
“En el ejercicio de sus funciones, y con respecto al campo, cada ministro, ministerio u organismo público, en cualquier ley que promulguen, deben procurar conservar la belleza natural y la funcionalidad del campo”.
Mientras la política gubernamental o local apoye las energías renovables esta acta impone una obligación legal que asegura que no se impactará negativamente en el entorno.
COUNTRY GUARDIAN argumenta que es perfectamente posible conciliar la generación y consumo de energía con la conservación de nuestro entorno más salvaje y el paisaje rural en general. De hecho, es un derecho de la gente de Gran Bretaña el disfrutar tanto de energías limpias y seguras como de un campo sin degradar.
